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Entrevista a Manuel Durán: Personaje del Encierro 2025 y referente cultural de Sanse

Manuel Durán: presidente de la Asociación El Encierro, presidente de la Agrupación Fotográfica de San Sebastián de los Reyes y fundador del Club de Lectura Pernatel, recientemente galardonado con el premio Personaje del encierro 2025 acude a nuestra cita con la naturalidad de quien conoce infinidad de personas y nos brinda en esta entrevista recuerdos de encierros, caminos por la naturaleza, la editorial Espasa Calpe, etc. Descubrimos a un hombre que vive intensamente cada instante, con un profundo amor por su ciudad, su familia y sus raíces.

Manolo Durán atendiendo a los medios antes de recibir el galardón Personaje del encierro 2025

Bueno, ¿Qué sientes al haber sido distinguido como Personaje del Encierro 2025?
Eres presidente de la Asociación El Encierro, la entidad que concede este reconocimiento. ¿Cómo se vivió internamente esta decisión? ¿Fue, como dicen algunos, una pequeña “trampa cariñosa” de tus compañeros?

La verdad es que fue toda una sorpresa. Cada año hacemos dos reuniones con los socios de la Asociación El Encierro, y en una de ellas siempre elegimos al Personaje del Encierro. Yo llegué a la reunión convencido de que íbamos a debatir sobre otros nombres, incluso propuse a varias personas que, a mi parecer, lo merecían. Pero cuando llegó el momento de decidir, me encontré con que ya estaba todo hablado… ¡y que el elegido era yo! No pude hacer nada, me pillaron completamente desprevenido. Fue, efectivamente, una especie de “trampa cariñosa” de mis compañeros.

¿Cómo nació la Asociación? ¿De dónde surge la idea y qué papel juega hoy en la vida cultural y festiva de San Sebastián de los Reyes?

Hay que reconocer que una persona clave en todo esto es Luis Barbado. Sin él, sinceramente, la Asociación no habría llegado tan lejos. Yo llevo al frente con él unos 25 años, junto a Santiago Izquierdo, que también ha sido fundamental. Pero el motor inicial fue Luis, sin duda.
La Asociación se fundó en el año 2000, así que este año celebramos ya nuestro 25 aniversario. Empezamos siendo muy pocos, apenas seis u ocho personas, pero todos aportábamos mucho. Además de Luis, Santiago y yo, también estaban el fotógrafo Pedro Mancebo, Pedro Mari Rivera, Teófilo Sanz, Emilio Esteban… y
Miguel Ángel Castander, que era el único de nosotros que todavía estaba en condiciones de correr el encierro.
La mayoría éramos amantes del encierro, aunque ya no estábamos en disposición de correrlo. Por eso decidimos darle otra vertiente: la histórica, cultural y tradicional. Queríamos documentar y difundir el encierro, unir sus diferentes aspectos y preservar su esencia para las nuevas generaciones.
Hoy, la Asociación sigue jugando ese papel: cuidar y dar valor a la historia y tradición de los encierros de San Sebastián de los Reyes, mientras apoyamos y aportamos ideas para que esta fiesta siga creciendo.

¿Cómo nace la revista del encierro y qué otras actividades lleváis a cabo en la Asociación?

Desde sus inicios, la Asociación ha trabajado por difundir y preservar la tradición del encierro. Al principio editábamos un periódico, pero con los años evolucionó hasta convertirse en una revista anual, elaborada gracias a la colaboración de numerosos anunciantes que hacen posible su publicación. Eso fue una iniciativa mía a raíz de los libros de fotografías del encierro fuimos evolucionando a la propuesta de ahora.
Otra de nuestras señas de identidad es el Concurso Fotográfico del Encierro, la heredamos de una peña, no recuerdo si La Sanse o La Estafeta, que venía haciéndolo un poco antes de fundar la Asociación. Desde entonces lo hemos organizado nosotros sin interrupciones. Con las imágenes presentadas editamos cada año el calendario oficial y organizamos una exposición que también da visibilidad a fotógrafos de dentro y fuera de Sanse. Este concurso está ya prácticamente institucionalizado y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento, que colabora en la edición y distribución del calendario.
Hace casi dos décadas pusimos en marcha también el Concurso de Relatos sobre el encierro de San Sebastián de los Reyes. Es todo un éxito, cada edición recibe más participación, con relatos llegados incluso de lugares muy recónditos del extranjero. Para su valoración contamos con un jurado especializado cada año, aunque es trabajoso leer y revisar todo lo que se recibe, este año por ejemplo más de 150 relatos, es una actividad a la que le tenemos un especial cariño.
También colaboramos en iniciativas como El Guiri del Foro, un galardón impulsado por La Taberna El Foro —con Paco y Maite a la cabeza— que reconoce a visitantes de fuera que enriquecen nuestras fiestas. La implicación de ellos con la cesión de su espacio es importantísima ya que realizamos muchas actividades de la Asociación ahí.
También quiero destacar que en estos 25 años hemos trabajado con todas las corporaciones municipales, de toda índole y siempre con muy buena sintonía. Nuestro objetivo sigue siendo el mismo: apoyar y reforzar el aspecto cultural y tradicional de las fiestas y del encierro de Sanse y siempre hemos recibido su colaboración, es de agradecer.

Eduardo Navacerrada entregando el galardón Personaje del encierro 2025 a Manuel Durán

Cuéntanos un poco de ti: ¿de dónde eres? ¿dónde vives? Háblanos, si quieres, de tu familia. ¿Qué lugar ocupa en tu vida cotidiana?

Soy de Fuencarral, aunque llevo toda la vida en Alcobendas y muy vinculado a Sanse. Con mi mujer tenemos tres hijas y, de momento, cuatro nietos —aunque va en camino el quinto—. Así que, cuando nos juntamos todos, la casa se llena de vida.
Mi padre falleció hace ya unos años, pero mi madre sigue con nosotros: tiene 93 años y vive sola en Alcobendas, justo enfrente del Centro de Arte. Está bastante bien para su edad, aunque con problemas de audición, algo de movilidad, lo normal ya con su edad, así que mi hermano y yo nos organizamos para estar con ella a diario, ayudarle con la compra y vigilar que no le falte de nada. Es un esfuerzo, claro, pero también una suerte poder tenerla todavía con nosotros: ojalá todos lleguemos a esa edad en esas condiciones.
El verano pasado lo pasó algo peor, sobre todo con estas olas de calor tan intensas que estamos viviendo, que a cualquiera nos agotan. Pero, dentro de lo que cabe, se mantiene bastante bien.
También tenemos la suerte de tener en casa a mi suegra, que tiene 84 años, está algo más delicada de salud y requiere más cuidados. Entre nietos, hijas y mayores tenemos los días bastante entretenidos y ocupados.

Durante un tiempo estuviste vinculado a Canal Norte Televisión, participando en tertulias taurinas y en la cobertura del encierro. ¿Qué recuerdas de aquella etapa? ¿Qué te aportó?

Mi relación con Canal Norte Televisión surgió gracias a Teófilo Sanz, que dirigía un programa taurino centrado en las corridas de feria y la tauromaquia en general. Junto a él y a Eduardo Sánchez, que era el director del canal entonces, me propusieron crear un programa especial dedicado al encierro.
Por aquel tiempo la televisión era todavía analógica y todo se hacía prácticamente en directo. Después de la carrera, que comenzaba a las 8 de la mañana, a las 10 ya estábamos emitiendo el programa, que duraba alrededor de una hora. En el estudio se montaban las imágenes de las distintas cámaras, mientras nosotros analizábamos los momentos más destacados de la carrera e íbamos preparando entrevistas con corredores, personajes históricos, toreros, novilleros o invitados especiales que visitaban Sanse.
Además de ese espacio, también participábamos en otros programas del canal, como Calle Real o El Trincherazo, que manteníamos durante todo el año. En feria, el trabajo era intenso: terminábamos la corrida de toros por la tarde y, por la noche, volvíamos al plató para analizar lo ocurrido con algunos de los protagonistas, muchas veces incluso con toreros que acababan de torear esa misma tarde. Eran jornadas larguísimas, de 7 de la mañana a 12 de la noche, pero muy gratificantes.

¿Qué te parece el nuevo horario del encierro?

Bien, me parece bien, yo no me rasgo las vestiduras con esto de una hora u otra, las cosas evolucionan. He visto la evolución con naturalidad. Antes se hacía a las 8 de la mañana, e incluso años atrás creo que llegó a celebrarse a las 7. Hoy, hacerlo a las 11 de la mañana permite que la fiesta continúe durante el día, beneficia a la hostelería y da más tiempo a vecinos y visitantes para disfrutar. Entiendo que algunos corredores prefieran el horario anterior, sobre todo por obligaciones laborales o por costumbre, pero creo que es una adaptación lógica a los tiempos y ha ayudado a que Sanse tenga una fiesta de día más viva y ordenada.

Con Jose Ramón García, Teófilo Sanz y Miguel Moreno Coleta en las tertulias de Canal Norte TV (2003)

Aparte de lo que ya nos has contado, ¿Cuál es tu vinculación con el mundo taurino? o ¿De dónde nace?

Mi afición al mundo taurino me viene desde niño, y no tanto por mi padre, me viene más por mi abuelo. Mis raíces están en el pueblo de Fuencarral, pero pasaba las temporadas de verano en Alcobendas. Mis abuelos vivían en Alcobendas, en la carretera del Goloso, justo donde hoy está el Carrefour. Allí tenían una finca —de la que todavía queda el brocal del pozo, aunque ya está cerrado— y yo pasaba los veranos ahí de niño.
En agosto, durante las fiestas, mi abuelo me llevaba andando por el campo hasta Sanse. Recorríamos desde su casa por los arroyos unos caminos que entonces eran campo hasta llegar a la plaza para ver el encierro o alguna corrida. Yo nací en 1955, así que tendría seis o siete años en esas primeras experiencias, ya con La Tercera inaugurada, se inauguró en 1961, así que yo no llegué a conocer los
encierros en la plaza del Pueblo. Tengo unos muy buenos recuerdos de aquello y forma parte de mí y de mi vida.
A partir de aquello mi afición siempre fue creciendo, siempre muy ligada a la tradición familiar. Con los años, además, se reforzó por mi trabajo en la editorial, al final yo trabajaba en la sección de literatura taurina, una de las más importantes en este ámbito. Así que podría decir que el toreo ha estado presente en mi vida desde la infancia y también en mi carrera profesional.

Como nos dices, has trabajado muchos años en el mundo editorial, en Espasa Calpe, tengo entendido. ¿Cómo fue esa experiencia?

Sí, eso es. Entré en Espasa Calpe en 1969, con solo catorce años. Mi padre, que era operario de una máquina de impresión allí, fue quien me ayudó a entrar, y siempre le estaré agradecido: gracias a aquel trabajo pude seguir estudiando mientras trabajaba, algo que de otra manera habría sido imposible. La editorial se convirtió en mi casa durante 45 años, hasta mi jubilación en 2014.
A lo largo de ese tiempo viví una época de transición única: desde los tiempos en que los autores acudían personalmente a corregir pruebas impresas en planchas con tipos de plomo, hasta el mundo digital que hoy conocemos, donde todo se hace en línea. He tenido la suerte de tratar con editores, correctores y autores de gran prestigio, y de trabajar en proyectos culturales de primer nivel. Yo realmente formaba parte de El Cossío, la gran enciclopedia taurina que pertenece a Espasa.
Uno de los momentos más intensos de mi carrera llegó en 1980, cuando me enviaron a Ginebra para revisar el archivo fotográfico del Comité Internacional de la Cruz Roja. Pasé allí más de un mes, revisando miles de imágenes analógicas que documentaban guerras y desastres humanitarios. Fue una experiencia dura y sobrecogedora, pero también apasionante: seleccioné personalmente las fotografías para un libro monumental en ocho volúmenes. Aquella experiencia me marcó muchísimo, mi trabajo me apasionaba, la investigación rebuscar en los archivos organizar esa documentación gráfica, esas fotografías, me ha llenado mucho. En esa ocasión incluso me ofrecieron quedarme a trabajar allí, pero acababa de casarme y decidí rechazar la oferta, decidí seguir adelante en Madrid con los míos y ver crecer a mi familia, aunque era una gran propuesta.
En Espasa Calpe también pude trabajar con archivos y museos de todo el mundo: desde el Moma de Nueva York hasta el Instituto de Arte de Chicago, pasando por colecciones fotográficas europeas. Ese contacto constante con la cultura y la documentación histórica me hizo amar aún más mi trabajo.
Mirando atrás, me siento un privilegiado: entré siendo un chaval, y salí habiendo vivido una vida entera rodeado de libros, historia y fotografía. Espasa no fue solo mi lugar de trabajo, fue una auténtica escuela de vida que me ha dado muy buenos amigos y muchas satisfacciones.

Vivimos una época marcada por la revolución tecnológica, la inteligencia artificial y los cambios en la forma de trabajar y relacionarnos. ¿Qué opinión te merece este momento?

He tenido la suerte —o el privilegio— de vivir toda la transformación tecnológica en primera persona. Cuando empecé en la editorial, con apenas 14 años, todo se hacía a mano: por ejemplo, una carta se escribía primero en borrador, luego pasaban por un departamento de mecanógrafas que los copiaban en papel copia, ahora mandas un mail, de hecho, antes el proceso de realización de un libro era muy largo ahora es más simple. En esa época las fotografías eran físicas y había que revelarlas, ampliarlas y reproducirlas para hacer los grabados en zinc que iban a imprenta. Todo era un proceso lento, artesanal y lleno de oficios, muy apasionante.
Con los años empezaron a llegar los primeros ordenadores autónomos, después la digitalización de las imágenes, y poco a poco pasamos de ese trabajo manual y meticuloso a poder enviar un libro completo en PDF a la imprenta en cuestión de horas. Hoy, lo que antes llevaba semanas de preparación se resuelve en una mañana.
Por supuesto, la tecnología ha abaratado costes y acelerado procesos, pero también ha hecho que se pierda ese encanto, ese contacto físico con el libro, la fotografía y el propio trabajo. Hoy todo es más rápido, más inmediato, pero quizás menos humano. Aun así, creo que es fascinante haber visto esa evolución: pasé de un mundo casi artesanal a otro completamente digital sin casi darme cuenta de que estaba asistiendo a una auténtica revolución, es algo que, cuando estás involucrado en tu trabajo, evoluciona de manera muy natural. Si echas la vista atrás te das cuenta de cómo ha cambiado todo.

Con Ricardo López Uralde, Editor de la colección de libros taurinos de Espasa Calpe. (Las Ventas 1996)

Eres miembro fundador del Club de Lectura Pernatel. ¿Qué supone para ti este proyecto? ¿Cómo surgió? ¿Qué crees que aporta a la comunidad cultural de Sanse?

El Club de Lectura Pernatel nació casi por casualidad… por un espacio. Un día, al entrar en el local donde nos reunimos, La Casona en la Calle Real, me fijé en ese altillo y pensé: “Este rincón sería perfecto para reunirnos a hablar de libros.” Lo comenté con Eduardo y Mariam, de Navacerrada Pernatel, que en los últimos años han sido mis proveedores de libros y enseguida lo apoyaron. Así, en 2016, echó a andar este club que desde entonces se ha convertido en un punto de encuentro para amantes de la lectura.
Es un club abierto y libre: puede venir quien quiera, se respetan todas las opiniones y cada reunión se convierte en una conversación enriquecedora. A veces pasamos semanas sin vernos o no tenemos la regularidad que a todos nos gustaría, pero luego nos juntamos para comentar alguna lectura concreta que marcamos o varios libros de golpe, o comentamos lo que cada uno está leyendo. No se trata solo de leer el libro “propuesto”, sino de compartir lo que cada uno lleva en la mochila lectora. Y eso hace que haya puntos de vista muy diversos: gente con gustos distintos, estilos diferentes… y siempre debates interesantes. A veces tenemos la suerte de contar con autores y charlar con ellos, esos momentos son muy especiales.
Para mí, este proyecto ha sido una forma de mantenerme en contacto con la cultura, con la gente y con los libros, incluso después de haber cerrado mi etapa en el mundo editorial. Además, me ha permitido estar conectado a lo que se publica.
El Club de Lectura Pernatel aporta mucho a Sanse porque es un espacio cultural cercano y accesible, un lugar donde cualquiera puede sentarse a charlar de literatura sin formalismos, solo por el placer de compartir lecturas. Y eso, hoy en día, es un pequeño lujo.
En una ocasión Rafael Soler, que ya ha asistido a varias de nuestras reuniones, me comentó: » Qué curioso montar un club de lectura a raíz de un espacio…» (Risas)

Otra de tus grandes pasiones es la fotografía. Formas parte de la Agrupación Fotográfica de San Sebastián de los Reyes. ¿Cómo nace esta faceta en tu vida?

La fotografía ha estado muy presente en mi vida por mi trabajo en el mundo editorial, siempre vinculado a los fondos fotográficos y a la imagen. Sin embargo, el paso de aficionado apasionado a formar parte activa de una asociación llegó más tarde, cuando me integré en la Agrupación Fotográfica de San Sebastián de los Reyes (AFSSR). La agrupación no es nueva: tiene más de 40 años de historia, y hace apenas dos celebramos su 40 aniversario. Entré animado por Luis Barbado, que entonces estaba en la junta directiva, y desde entonces estoy muy implicado, actualmente como presidente.
La agrupación es un ejemplo de movimiento asociativo cultural: todos los martes, de octubre a junio, organizamos actividades muy variadas. Pueden ser charlas,
ponencias, encuentros con fotógrafos, visionado y análisis de trabajos propios o de libros de fotografía. Además, cada mes celebramos un concurso social interno entre socios: los mejores clasificados del año tienen la oportunidad de exponer en la Sala Martín Chirino, lo que supone un gran incentivo.
Otro gran proyecto es el Concurso Nacional “El Lobo y el Madroño”, que ya va por su 36ª edición y tiene reconocimiento a nivel nacional, con premios importantes y jurados de prestigio. Aunque hoy en día casi todo es digital, seguimos defendiendo la fotografía impresa en papel, las copias montadas, el trabajo artesanal que mantiene vivo el espíritu de la fotografía clásica.
La agrupación ha crecido mucho: cuando entré, éramos unos 32 socios; hoy ya somos más de 70. Es emocionante ver cómo crece el interés por la fotografía, aunque también es un reto renovar generaciones y atraer a gente joven. Queremos que sepan que este espacio es para todos, no solo para “veteranos”.
Además de las actividades creativas, está todo el trabajo administrativo, que hoy en día es muy complejo: todo se gestiona de manera digital, con firma electrónica y trámites online. Es un desafío para muchas asociaciones clásicas, pero lo asumimos porque creemos en el valor cultural y social de este tipo de espacios.
Para mí, la fotografía es una pasión y una herramienta para contar historias, y la agrupación es el lugar perfecto para aprender, compartir y crear comunidad. En Sanse, pese a que Alcobendas tiene una programación fotográfica potente y consolidada, nuestra agrupación ha demostrado que la actividad constante y el compromiso también pueden atraer a mucha gente y generar lazos.

En Las Ventas fotografiando con algunos compañeros hace algunos años

Últimamente estás centrado en fotografiar humedales y aves, por lo que vemos en redes. Hablanos un poco sobre esto.

Lo de fotografiar aves viene, en parte, de buscar nuevos retos y salir de lo que hacía siempre. Aunque, en realidad, es volver a mis raíces: de adolescente, con 16 o 18 años, ya me apasionaban las aves. Conocía los nombres científicos de muchas especies y pasaba mucho tiempo en el campo. Yo siempre he estado rodeado de naturaleza, así que volver a este tipo de fotografía ha sido reencontrarme con algo muy mío.

Entonces, ¿eres un gran amante de la naturaleza? ¿Te gusta hacer rutas, pasear por el monte?

Sí, me encanta salir al campo, caminar, hacer rutas… Ahora mismo tengo unas buenas agujetas en los gemelos porque he estado haciendo rutas de montaña en Asturias justo antes de que empezaran los incendios de este verano. Son maneras de disfrutar de la naturaleza que, con los años, se aprecian más. A mis 70 ya empiezo a notar algunos dolores, claro, pero sigo con ganas de moverme.
De hecho, con mis compañeros de la editorial llevo explorando la Sierra de Guadarrama muchos años. Si el año tiene 56 fines de semana, te aseguro que más de 30 los pasábamos recorriendo la sierra, desde los puertos de Los Leones hasta Somosierra. He caminado por crestas, picos y collados: La Cabrera, La Najarra, La Morcuera, Canencia, Cabezas de Hierro… Me conozco esas montañas como la palma de mi mano.
Mucha gente cree que Madrid no tiene paisajes impresionantes, pero la Sierra de Guadarrama es un auténtico tesoro natural: variada, rica en flora y fauna, y con rincones espectaculares. Recuerdo que de joven cogíamos el tren en Chamartín hasta Cercedilla y desde allí subíamos, siempre con amigos, mochila… y cámara.
Ahí empezó, en realidad, mi pasión por la fotografía de naturaleza: no solo caminar y observar, sino documentar lo que veía. Y ahora, muchos años después, sigo encontrando en esas aves y humedales un motivo perfecto para aprender, para seguir explorando y para mantener esa conexión con la naturaleza que siempre me ha acompañado.

Aunque vives en Alcobendas, siempre has estado muy vinculado a San Sebastián de los Reyes. ¿Qué tiene esta ciudad que te ha atrapado tanto?

Pues mira, aunque vivo en Alcobendas, siempre he sentido una conexión muy especial con San Sebastián de los Reyes. Alcobendas ha crecido muchísimo, se ha hecho gran ciudad, mientras que Sanse mantiene todavía ese espíritu de pueblo, de vecindario cercano, de tradiciones vivas. Y eso siempre me ha atraído.
Mi vínculo con Sanse empezó sobre todo a través del mundo taurino y de la fotografía. Fue ese ambiente el que me acercó aquí. Tanto es así que siempre digo una frase: “Vivo en Alcobendas, pero si me pierdo, me encontrarán en Sanse.” Paso gran parte de mi tiempo libre aquí, y este año, cuando me nombraron Personaje del encierro, lo expresé recordando a Cervantes: “Tamaño honor no cupiera en mi persona, Sancho.”
Es curioso, porque, aunque hay cierta rivalidad histórica entre ambos municipios, las familias están muy mezcladas: grandes nombres de Sanse tienen raíces en Alcobendas, y al revés. Yo, por ejemplo, hice grandes amistades aquí: Paulino Perdiguero, que fue fundamental para integrarme; Santiago Izquierdo, que trabajó mucho en engrandecer el archivo fotográfico y de cartelería taurina de la ciudad —
uno de los más importantes de España—; o Agustín Montes, tahonero y fabricante de pan, que ahora lleva adelante una de las ganaderías  señeras del campo bravo en España: la de Montealto. Su padre el «tío Pepe» y su hermano «Pepito» seguro que estarán muy orgullosos de el allá donde estén, como lo está su hermana, «Mari Montes» toda una institución en el pueblo en la actualidad.
Recuerdo también el Club Taurino Corinto y Oro, en plena calle Real, donde nos reuníamos a charlar, debatir y compartir nuestra pasión por la tauromaquia y la cultura popular. Allí conocí a mucha gente con inquietudes culturales muy diversas. Incluso participé revisando carteles taurinos y documentos históricos para el archivo municipal, gracias a mi experiencia editorial.
Al final, todo eso hizo que Sanse se convirtiera en mi segunda casa. Es un pueblo que ha sabido mantener su identidad, su cultura y sus tradiciones, y para alguien como yo, que valora tanto la historia, el contacto humano, eso es un verdadero regalo.

Has estado muy implicado en el tejido asociativo. ¿Cómo lo ves hoy?
¿Crees que las nuevas generaciones tomarán el relevo en ese compromiso comunitario?

Tengo que reconocer que no soy demasiado optimista. No hablo solo del mundo de El Encierro o de la Agrupación Fotográfica, sino también de otras asociaciones. En ámbitos como las peñas taurinas o de corredores, donde hay tradición familiar y participación lúdica, sí hay relevo: padres, hijos y nietos siguen implicados. Pero en otros espacios donde hace falta más compromiso y dedicación, cuesta mucho encontrar gente que dé ese paso.
Yo mismo empiezo a sentir la necesidad de delegar: antes trabajaba, tenía familia y aun así encontraba tiempo para todo, pero ahora, con nietos, responsabilidades familiares y más edad, es evidente que no se puede abarcar todo. Y, aun así, cuesta encontrar personas con el mismo nivel de implicación que hemos tenido algunos durante años.
Quizá influye el estilo de vida actual: la gente joven está muy presionada por sus obligaciones laborales, por la falta de estabilidad, por la velocidad de todo… y eso limita su participación en proyectos comunitarios. Antes nos implicábamos sin esperar nada a cambio, simplemente porque era parte de nuestra forma de vivir. Ahora veo más cansancio, más agobio, incluso más dependencia de los mayores para resolver el día a día, lo que también influye, yo creo que no era tan dependiente de mis padres como lo son de mi mis hijas y creo, hablando con amigos, que es algo general, sin ánimo de ofender.
Creo que la clave está en no perder lo que ya hemos construido y en encontrar fórmulas nuevas: asociaciones más dinámicas, con juntas directivas más amplias y fórmulas más ágiles de gestión, donde cada persona asuma una responsabilidad
concreta. No puede recaer todo en un presidente o en dos personas; hace falta repartir tareas, formar a gente nueva y dejarles espacio para aportar.
En la Agrupación Fotográfica, por ejemplo, yo me encargo de traer invitados, organizar charlas, coordinar actividades… y es un desgaste enorme. Lo que me gustaría es dejarlo todo bien atado, con gente que coja el testigo y mantenga vivo este trabajo cultural y asociativo que tanto ha costado levantar.

Manuel Durán y su inseparable libreta. (Feria de San Isidro en Las Ventas)

Si pudieras hablar con el Manuel del pasado, ¿Qué consejo le darías? ¿Cómo te imaginas dentro de unos años?

Mirando atrás, te das cuenta de que la vida es un suspiro. Apenas te enteras y de repente tienes una hija de más de 40 años, nietos que empiezan a llegar… y te das cuenta de que cuando pasa los 60 ya estás en la prórroga. Afortunadamente, he tenido a mi mujer, que me ha aguantado durante años, cuando yo la dejaba sola con las niñas o tenía mi propio ritmo, mis propias actividades. Ahora, incluso cuando me escapo unos días a la naturaleza o a fotografiar aves, vuelvo y siempre hay alguien que ha necesitado mi atención: una nieta que se pone enferma, una madre mayor que necesita de tus cuidados, un amigo que ha tenido algún percance…
Si hablara con el Manuel de 22 años, le diría: vive el momento. Disfruta la vida mientras puedas, porque eso es lo único que tenemos realmente. Hemos tenido alegrías enormes, pero también pérdidas dolorosas en la familia, en los amigos y eso te recuerda que la vida no espera. Hay que aprovechar cada instante, no posponer lo que importa.
Y pensando en el futuro, me imagino haciendo justamente eso: vivir el momento, disfrutar de la naturaleza, de la fotografía, de los encuentros familiares, y sobre todo, buscar relevos, dejar que nuevas generaciones tomen el testigo en aquello que hemos construido, para que lo valioso no se pierda, en definitiva, vivir.

Manuel Durán durante esta entrevista en Barthez y Brollo (2025)

Para Terminar Manuel, una canción y una película.

Hier encore, de Charles Aznavour, y, sin duda, El Padrino, de Francis Ford Coppola.

Muchas gracias por tus respuestas sinceras y por tu amabilidad.

Gracias a ti.

Al terminar nuestra conversación, queda la sensación de haber recorrido, junto a Manuel, la idea de que la pasión por la tradición y la naturaleza no tiene edad y que el compromiso es un legado que merece ser compartido y cuidado; de que, al final, la vida se vive en los detalles y, sobre todo, en el tiempo compartido con la familia y los amigos.

Dani Vázquez para Sansepasión