Por Santiago Izquierdo G. Bárcena
La prestigiosa Archivera y Bibliotecaria María Moliner nos dice en su emblemático diccionario que mentidero es aquel lugar donde se junta la gente para hacer tertulia. Si nos referimos a los mentideros del Madrid del Siglo de Oro eran los sitios donde los madrileños se reunían para conversar, recabar información y compartir chismorreos, es decir, era como algunas de las redes sociales que hoy conocemos, tanto escritas como visuales. El Mentidero por excelencia eran las gradas de la Iglesia de San Felipe el Real, que estaba ubicado en la Puerta del Sol en su confluencia con la calle Mayor.
Sanse, como toda localidad que se precie, también tenía su mentidero; algunos os estaréis preguntando que cuál era el nuestro, pues sí que le teníamos y no era otro que el Pilar de Arriba, con su fuente y su lavadero.
Muchos de los nuevos vecinos no han tenido la suerte, yo casi diría el privilegio de conocer este paraje. Desafortunadamente hace casi cincuenta años pasó a mejor vida. ¿Cuál fue el motivo de su desaparición?, muchos dicen que fue una consecuencia de la “fiebre urbanística” que arrasó Sanse a partir de finales de los años sesenta, pero yo lo atribuyo a otra causa, quizás más grave y penosa, como fue la falta de visión histórica y que quizás unida a una ceguera cultural que padecieron muchos responsables municipales y, que lamentablemente, en momentos posteriores se han seguido cometiendo varias tropelías con el patrimonio artístico, entre los que citaré la demolición de la Ermita de San Roque, junto al Cementerio Municipal.
Por el contrario, el patrimonio documental, que se genera a partir del año 1494 -aunque también sufrió algún que otro pequeño expolio-, afortunadamente está puesto a buen recaudo, microfilmado y digitalizado, confiando en poder mantenerlo para disfrute de vecinos e investigadores durante muchos años más.
La ubicación del mentidero
No obstante, sí que podemos situar hoy día el lugar donde estaba enclavada la fuente y el lavadero: se corresponden con un pequeño parque triangular que existe entre las calles Miguel Ruiz Felguera y Perpetuo Socorro. Hoy en el subsuelo hay instalado un parking para residentes. Para más indicación diré que está enfrente de la Parroquia de Nuestra Señora de Valvanera y del Colegio Público “Francisco Carrillo” y en el vértice está el Kiosko Mary, allí Avelina preparaba las mejores patatas bravas del mundo mundial. El “viaje del agua” llegaba desde la ladera donde actualmente se encuentran los edificios de las calles con nombres de ríos: Miño, Duero y Tajo, y que tuvieron serios problemas de inundaciones en los garajes, pues cuando el nivel freático del manantial subía era su forma natural de escape.
Tenemos que practicar un ejercicio de abstracción e imaginarnos cómo era aquel pequeño “oasis apodaca”, un tanto alejado de las últimas casas. Los tres accesos más concurridos eran bien a través de las escalerillas, aún existentes, al final de la Travesía de las Fuentes, o bien bajar por la calle de las Fuentes desde la placituela del Cerro del Clavel (donde hoy se encuentra la Taberna El Foro) y la tercera opción era allegarse a través del Callejón, hoy conocido como calle del Pilar.
En el Archivo Municipal se custodia el proyecto de la Fuente del Pilar, datado en el año 1906 y también se conservan algunas interesantes fotografías de la fuente y el lavadero, que al menos nos permiten recordar e imaginar cómo era este lugar. El lavadero municipal es anterior a la fuente que hemos conocido y fue mandado construir a sus expensas por Manuel Montes García.
Las aguas sobrantes de esta fuente eran muy bien aprovechadas, pues servían para regar las huertas que se conocían como las del Pilar de Arriba, huertas que pertenecieron al tío “tabolina”, Julián Esteban Díaz, y que posteriormente disfrutaron sus hijos Manolo y Anastasio Esteban López, obviamente en la actualidad ya desaparecidas bajo el cemento y el asfalto.
También había otras huertas por debajo de la fuente llamada del Caño Gordo o fuente del Pilar de Abajo; de este otro lugar y de las eras que estaban contiguas ya os hablaré en próximos artículos, la tradición nos dice que era el lugar donde se celebraba el tradicional Baile de las Higueras, que venimos celebrando el día 30 de agosto.

El encuentro en la fuente
Efectivamente, este paraje sí que era el lugar de encuentro diario, pues en él estaba el principal manantial que surtía de agua a la población hasta la llegada del agua del Canal de Isabel II a mediados de los años cincuenta y se instalaron unas fuentes públicas, la principal se situó en la plazuela o solar que surgió tras el derribo del Hospitalillo y la Ermita de la Virgen del Socorro –hoy Plaza de la Fuente-.
Posteriormente se instalaron otras dos fuentes, una en la calle San Roque, adosada al Bar de “Los Cuatro Hermanos”, la casa de los “Fondas”, en la esquina con la calle Mayor. Y una tercera se instaló en la calle Pedro Colmenar, junto a las Casas Baratas, frente a la casa de Benito Rodríguez y Vicenta Esteban. Esta es una de las realizaciones, quizás la más importante socialmente, que llevo a efecto el alcalde Eduardo San Nicolás Guillén.
Aunque se había acercado el agua a las viviendas no desaparecieron los viajes diarios a por el líquido elemento y por supuesto al lavadero, pues hasta que los vecinos no fueron haciendo las acometidas de agua a las respectivas casas y pudieron instalar las correspondientes pilas, seguía siendo necesario utilizar el lavadero municipal.