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Entrevista a Jesús Ramal de Hankuk: “Ganar no sirve de nada si te pierdes por dentro”

Jesús nos recibe en Hankuk y bromea:
“Hankuk International School, y es verdad, porque hay varias nacionalidades. Presentamos a diez personas a este próximo Mundial representando a distintos países. Es verdad, es internacional, no es para que quede bonito el nombre”, me dice sonriendo mientras me enseña las instalaciones.

Lo primero que hace Jesús es presentarme a Adriana Cerezo, que está con dos fisios de Hankuk trabajando. A ellos también me los presenta, y no solo a ellos me presenta y saludo a todas las personas que están dentro del gimnasio. Todos tienen una sonrisa especial y una mirada alegre. Empiezo a entender por qué este centro de alto rendimiento está en el top mundial del taekwondo.
Después de las presentaciones, me enseña con orgullo una placa que el Ayuntamiento de Sanse le entregó como reconocimiento a su carrera y que exhibe en el gimnasio.

Ramal se crio en nuestros barrios y es un ejemplo de esfuerzo. Empezó enseñando a niños a “moverse bien y respetar al compañero”. Hoy, desde ese mismo suelo, ha construido un modelo que ha llevado a su club a lo más alto del taekwondo mundial.

Empezamos la entrevista, contagiados por la buena energía que se respira en Hankuk y la mirada atenta de Jesús.

¿Qué recuerdas de los primeros años en el club?

Empezamos con muy poco, la verdad. En un gimnasio pequeño, casi familiar, con cuatro colchonetas y mucha ilusión.
Yo era un chaval que amaba el taekwondo, estaba muy alucinado con las artes marciales, me fabricaba mis propios nunchakus. Siempre me ha gustado mucho hacer deporte y tenía muchas ganas de transmitir lo que a mí me había dado. El taekwondo te da disciplina, respeto y cabeza.

Creo que parte de la culpa de que sigamos creciendo es que, cuando haces las cosas con pasión, la gente se contagia. Empezaron a venir niños del barrio, luego de otros sitios, y poco a poco fuimos creciendo. Hoy, cuando miro alrededor y veo lo que hemos conseguido desde aquí, desde Sanse, me emociona.
No ha sido fácil, pero cuando miras atrás entiendes que todo ha merecido la pena.

Se habla mucho del “método Hankuk” y has dicho alguna vez que “todo se gobierna desde el cerebro”. Imagino que aplicas esa idea en el entrenamiento diario. ¿Cómo definirías el método Hankuk en pocas palabras?

El método Hankuk nace de una idea muy simple: el deportista, la persona, está por encima de todo, incluso del resultado.
Antes de entrenar hay que cuidarse, tanto el cuerpo como la cabeza. Si no están en equilibrio, no sirve de nada lo que hagas. A los chicos se les nota en la cara cómo están; aquí tenemos muy presente que estén bien.
Ante todo son personas, y de nada sirve que entrenes y te esfuerces si no eres feliz. Todos tenemos problemas en nuestro día a día, y eso es algo que hay que saber trabajar para que, ante todo, el deportista se sienta bien.
Aquí no nos vale un padre que quiera que su hijo compita si el chaval no quiere, ¿me explico? Necesitamos que la ilusión esté ahí, porque el deporte de élite, el alto rendimiento, es muy exigente.

Nos apoyamos en la ciencia, sí —usamos pulsómetros, control del sueño, análisis de frecuencia cardíaca—, pero el corazón del método es humano.
El entrenador tiene que mirar, escuchar, interpretar. La tecnología te da datos, pero no empatía.

Aquí enseñamos a competir, pero también a perder, a levantarse, a disfrutar del proceso. Porque si solo entrenas para ganar, cuando pierdes te rompes. Y la derrota, en realidad, es parte del aprendizaje.
Quizás te diría que el éxito es más difícil de gestionar.

El éxito está bien, pero no puede valer más que la persona.

Que aprendan, sin duda. Ganar es una consecuencia. Vivimos en un tiempo en el que todo se mide por medallas o seguidores, pero el deporte te enseña otra cosa: a tener paciencia, a respetar los tiempos, a confiar.
Yo les digo siempre: “El éxito está bien, pero no puede valer más que tú. Si te rompes por dentro, todo lo demás sobra”.
Eso vale para el taekwondo y para la vida.

Jesús, el Mundial de Taekwondo en Wuxi está a punto de comenzar. ¿Cómo llega el equipo del Hankuk a esta cita?

Muy bien. Están motivados, están finos, con muchas ganas. Es un grupo joven, pero con experiencia. Tenemos la suerte de contar con un núcleo de deportistas increíble.

Están las hermanas Márton, Luana y Viviana, las “gemelas de oro”: nacieron en Tenerife, se criaron aquí en Madrid y se formaron en Hankuk. Aunque compiten por Hungría, siempre dicen que Sanse es su casa.
Luana fue campeona del mundo en 2023 y Viviana hizo historia al ganar el oro olímpico en París 2024 con solo 18 años.

Y qué decir de Adriana Cerezo, la gran referencia del taekwondo español: plata en Tokio 2020, campeona de Europa, oro en los Juegos Europeos… una deportista increíble, pero sobre todo una persona con una energía y una humildad enormes. Marca España.

Y está Lena Moreno, que viene pegando fuerte. Ganó el Grand Prix de Charlotte, derrotando a la campeona del mundo, a la bronce olímpica y a la campeona asiática. Ahora afronta su primer Mundial absoluto en Wuxi con una ilusión tremenda.
Todos los deportistas que presentamos al Mundial están preparados para competir.

Diez deportistas de Hankuk estarán en ese Mundial. Diez. Y todos se han formado aquí, en Sanse. Eso, para mí, vale tanto como un título.
Y está claro que sin Suvi, que es la directora del gimnasio, nada de esto se podría realizar: ella es el motor de Hankuk. También hay que destacar al resto del equipo, fisios, preparadores físicos, entrenadores, psicólogos, etc… sin ellos no hay nada.

¿Es duro lidiar con chicos jóvenes de estas edades?

Son gente joven, pero muy madura. Los que se quedan aquí es porque de verdad les apasiona esto. El taekwondo te pone a prueba cada día: si no has descansado, si vienes con la cabeza en otro sitio, se nota. Por eso trabajamos mucho la parte emocional.

Y cuando ganan, lo celebran como equipo. Aquí nadie entrena solo. Todos tiran de todos.
Esa es la parte más bonita: ver cómo un grupo de chavales se convierten en una familia.

Ganar no sirve de nada si te pierdes por dentro.

Después del Mundial, ¿cuál es el siguiente gran objetivo? ¿Los Ángeles 2028?

Bueno, todas las competiciones son importantes. Pero, por explicar un poco cómo funciona, hay distintos niveles.
En lo más alto están los Juegos Olímpicos, por supuesto, cada cuatro años. Luego, los Campeonatos del Mundo, cada dos.
Después vienen los Grand Prix y Grand Slam, creados tras Londres 2012, que funcionan como en el tenis: se accede por ranking, solo van los 32 mejores del mundo, y al Grand Prix Final, los 16 primeros.
También están los Campeonatos Continentales, cada dos años, y los Juegos Europeos, cada cuatro. Por debajo están los torneos G1 y G2, que suman puntos para escalar posiciones en el ranking.
Es un sistema parecido al del tenis: cada resultado te hace subir o bajar. Entonces, todas las competiciones están ligadas; todas son importantes.

¿Cómo te gustaría que te recordaran tus alumnos dentro de unos años?

[Ríe.] Pues mira, que “la ha liado”. Sí, así, tal cual. Que se crucen conmigo por la calle el día de mañana y digan, Jesús me cuidó, que fui alguien que tuvo una visión y se atrevió a seguirla, aunque muchos pensaran que estaba un poco loco.
Mi madre siempre decía que tenía muchos “pajaritos en la cabeza”, porque soñaba a lo grande. Yo descubrí el olimpismo de niño, viendo los Juegos de Moscú de 1980.
Después de comer, los vecinos se juntaban en casa a tomar café, y uno de ellos, que trabajaba en el ultramarinos, traía los libros del ColaCao con las historias olímpicas, con el lema Citius, Altius, Fortius.
Yo tendría diez o doce años… y aquello se me quedó grabado.
Para mí, los Juegos eran algo mágico y, de alguna forma, con el tiempo, esos pajaritos que tenía en la cabeza se han convertido en realidad.

¿Y qué le dirías hoy a aquel Jesús de entonces?

Le diría… paciencia. Paciencia y trabajo. Trabajar ya lo hacía, pero la paciencia… esa me costó más aprenderla.

Jesús mostrandonos unas replicas de las medallas olímpicas
Jesús Ramal en Hankuk

Los resultados son impresionantes: una plata olímpica en Tokio, un oro en París, campeonatos del mundo, de Europa, del Grand Prix…
Pero lo que más emociona a Jesús Ramal no se mide en medallas.

Ya en la calle, cuando nos despedimos, Jesús se gira y me dice:

Es un cuento. Se cuenta lo bonito, lo rosa… pero también hay muchos obstáculos, muchas trabas. A veces te cierran puertas, otras tienes que pelear por cada metro.
Pero al final, cuando ves el camino, sabes que ha merecido la pena. Es muy bonito lo que hemos conseguido: de Sanse a los Juegos, ya te digo.
De Sanse al Olimpo… o de Sanse a las Olimpiadas, como quieras decirlo. Me siento muy orgulloso de lo que hemos hecho. Si lo piensas, es un cuento. Y no sabemos lo que está por llegar; no sabemos dónde está el techo.

Doblo la esquina y anoto esas palabras que, con una sonrisa y una mirada de ilusión, acaba de transmitirme Jesús Ramal.

Jesús habla con la serenidad de quien ha aprendido a ganar sin olvidar de dónde viene: de aquel chaval de barrio que soñaba con enseñar taekwondo a unos cuantos niños, al entrenador que ha hecho historia desde un tatami de Sanse. En su voz no hay soberbia, solo gratitud. Y quizás ahí esté su secreto: entender que el éxito no está en el oro, sino en el camino que te lleva hasta él. En portarse bien con los demás, en ser noble e intentar ser cada día mejor persona. Creo que lo consigue.

Quisimos realizar esta entrevista justo antes de que Jesús y su equipo viajara a Wuxi para el mundial y se publica justo al finalizar el mismo, aquí resumimos que ha pasado finalmente en el mundial.

Destacaría la gran actuación de todos los deportistas de Hankuk, todos compitiendo a un gran nivel: Jesús, Laura, Jack, Alejandro, Noor, Adriana… rozando las medallas, con una buenísima participación.

Y, como ya es costumbre, medallas:

Bronce para Lena Moreno en la categoría de 67 kg por España.

Plata para Viviana Márton en 62 kg por Hungría.

Oro para Luana Márton en 67 kg, por segunda vez, también por Hungría.

Pero sobre todo hay que destacar la sonrisa de este equipo

Parte del Equipo de Hankuk a la finalización de este Mundial 2025

Dani Vázquez para Sansepasión